Si al hablar la realidad se ve incapacitada. Si nuestros juicios son meramente estéticos. Si una aproximación a la unión supone la autodestrucción del yo, requiriendo mentiras sociales para conseguir sus propias metas. Si, tal vez, nos desangremos al no tener miedo, y probablemente estemos infectados por nuevas patologías para las que no podamos ser diagnosticados, dime: ¿qué hemos aprendido realmente?
jueves, 26 de junio de 2008
jueves, 12 de junio de 2008
La importancia de llamarse Rufus
Anoche, después de nuestro examen de sexo (o de su intervención en él) y tras unos aperitivos algo indigestos, nos plantamos en primera fila (bueno, en tercera si contamos a los guiris) para poder ver/escuchar/disfrutar de Rufus. Tras un foco que destrozaba nuestros bastones y que hacía que viéramos la realidad un poco más tintada de lo normal, apareció él.
Le faltaba el capote, o unas banderillas, con un traje de torero y con pasos de triunfo anticipado surgía de la oscuridad del escenario.
Con un repertorio de lo más acertado para este "solo show" que resultó un repaso de sus temas más conocidos con alguna que otra perla (como Leaving for Paris No. 2) y un Rufus más que divertido, haciendo bromas sobre lo gayer que era el traje de torero, la forma de cargar o incluso aquella película de "Maciu y Edu" que Ana recuerda con tanto entusiasmo.
Quizás no era el escenario apropiado y en el Liceo todo hubiese sido mucho mucho mejor, pero chico, a Rufus no se le ponen pegas, ¡si hasta tocó "The art teacher"!
En resumen, toda una guinda de esta estancia universitaria.
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