
Elena: ¿Pongo más azúcar, mamá?
Carmen: No, que luego a tu hermana no le gusta tan dulce.
Elena esboza una tímida sonrisa y añade algo más sin que se dé cuenta su madre.
Carmen la mira de reojo y también sonríe cerciorándose de que nadie la vea.
Llaman al timbre y sus miradas se cruzan.
Elena: Ve tú que yo tengo las manos pringadas mamá.
Carmen: Pues como todos hija, como todos.
Carmen se limpia con desgana las manos llenas de harina y sale de la cocina.